lunes, 24 de julio de 2017

Hallazgos de una día cualquiera XVI : en mi biblioteca encontré un jardín

Anoche recordaba algunos paseos que hice con mi abuelo cuando era chica. La plaza y la heladería cerca de mi casa eran dos lugares donde habitualmente iba con mi abuelo. Recuerdo cuando estaba en séptimo grado escribí una redacción en el que mi abuelo era el protagonista, su historia de vida y una escena que siempre me había llamado la atención, el viaje en bicicleta desde Turdera a la Capital para ir a trabajar.

¿Cuáles son las historias que hay detrás de cada relación entre abuelo y nietxs? ¿Cómo se vive el vínculo de abuelazgo en cada familia? Y ¿cómo lo representa la literatura para niñxs?



Lane Smith en El jardín del abuelo (Oceáno, 2012) nos cuenta una versión posible de ese vínculo, con un elemento más que es el acto de crear un mundo, la posibilidad de que diseñar y mantener el jardín puede ser la manera de sobrevivir al paso del tiempo y mantener viva la memoria.



Un abuelo jardinero que diseña en sus plantas su propia historia, que revive los sucesos del pasado a través de sus plantas que, con el paso del tiempo, recuerda solo lo que es realmente importante.


Un bonus track: las imágenes que construyen este libro me recuerdan a la fotografía "La montaña negra" de Antoine Bruy. Un hallazgo en la red.


¿Qué otros textos literarios conocen donde se represente la relación entre abuelxs y nietxs?

jueves, 20 de julio de 2017

Clásicos y no tan clásicos en la Feria del libro Infantil y Juvenil



Otro año y otra visita a la Feria del Libro Infantil y Juvenil en la sede del Centro Cultural Kirchner. Poca gente, pocxs niñxs y poca venta, lamentablemente, en los estands. Tal vez por el horario de mi recorrido, tal vez por el costo de los libros y los bolsillos flacos.
Este año mi recorrido estuvo orientado a conseguir algunos clásicos que en algún momento tuve y perdí, o que siempre quise tener, o dejarme sorprender por alguna propuesta estética diferente.
El recorrido empezó, como siempre, en el estand de Colihue donde los clásicos y rescates literarios abundan. Ahí encontré muchas ofertas como, por ejemplo, los Libros del Malabarista 3 x $215.

Seguí mi recorrido, y unos pasos más allá, en Loqueleo  en los anaqueles debajo de las mesas, me encontré con ofertas de los libros de Alfaguara infantil a 2 x $165, 2 x $175 y 2 x $185.

En Random House, finalmente estaba Miedo de Graciela Beatriz Cabal reeditado el año pasado -que conseguí a solo $161 y que era uno de los que quería. Pegado a algunos clásicos de Cabal, estaban los de María Elena Walsh entre $200 y $400.




Unos pasos más allá, en el estand Libro que te quiero libro,


encontré otra joya del artista plástico e ilustrador mexicano Gabriel Pacheco, el mismo de No, no y no , pero en este caso Los poemas de Federico García Lorca (Kalandraka, 2015) a menos de $300. Ahí también estaba una belleza en libro titulado Bola de agua que compré hace unos años en Bogotá y reseñé acá.

Y, como todos los años, me di una vuelta por Calibroscopio y allí encontré el otro clásico que buscaba hacía tiempo: Pluma de ganso (Babel, 2012) de Nilma Lacerda, una historia de apropiación de la escritura. Mirando y mirando, descubrí, también de la misma editorial, el nuevo libro de María Teresa Andruetto y Daniel Rabanal, Los ahogados, una historia contada a cuatro manos, entre imágenes y discurso verbal, sobre la desaparición forzada de personas, a $250.



Los cuatro libros que me llevé a mi casa y, así, termina esta historia la 27° Feria del libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires.
Ahora,  ¡a leer!







lunes, 17 de julio de 2017

Otra Caperucita

Como todxs sabemos, versiones de Caperucita Roja hay muchas. Desde la de Charles Perrault en adelante, como lectorxs, hemos conocido distintos modos de contar la historia de esta niña con una caperuza roja.

En esta oportunidad, les quiero presentar una Caperucita distinta, la que creó Juanjo G. Oller para Milimbo a partir de la versión de los hermanos Grimm: Y recuerda (2014). Una Caperucita conceptual, donde las imágenes dicen todo sin necesidad de usar ni una palabra.


















 

Y ¿qué me dicen de esta Caperucita?